Transportado a cifras concretas, las estadísticas indican que entre el uno y el dos por mil de los recién nacidos son sordos profundos o severos. En la Argentina, ese porcentaje representa entre 2.000 y 3.500 casos anuales. La sordera profunda o severa es un problema que puede detectarse casi de inmediato con un test sencillo e indoloro. Cuanto antes se descubre la enfermedad, mayores son las posibilidades de solución y más rápidamente se puede comenzar la rehabilitación del paciente.
Entre el nacimiento y los primeros años de vida los niños viven el período crítico de plasticidad neurológica y también auditiva que determina la base de la educación futura que tendrán, por lo tanto una disminución auditiva afecta severamente sus posibilidades intelectuales y formativas. De allí que, como sucede con todo lo relacionado a temas de salud, la detección temprana y el tratamiento adecuados son la herramienta fundamental para brindar mejor calidad de vida a estos pacientes.
En contradicción y aunque en nuestro país existe desde 2001 el Programa Nacional de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusia (Ley 25.415), su falta de reglamentación impide dar cumplimiento eficaz a un punto esencial: el que establece que "todo recién nacido antes de los tres meses de vida tiene derecho a ser evaluado auditivamente y tratado luego de los seis meses en forma adecuada".
La pesquisa neonatal de hipoacusia y sordera se realiza a través de la medición de otoemisiones acústicas, y potenciales evocados auditivos, procedimientos sencillos e indoloros que pueden aplicarse al bebé a las 48 horas de nacido. Una vez realizado el diagnóstico, la ciencia cuenta hoy con elementos capaces de mejorar la capacidad auditiva de un paciente hasta límites antes inimaginables.
Detectado el problema el problema a tiempo, la solución también debería llegar de inmediato porque si un niño es equipado a los seis meses de edad, contará con las mismas posibilidades de desarrollo en los aspectos cognitivos, del lenguaje y afectivo-emocional, que un niño con audición normal. En nuestro país, los papás deben recorrer consultorios, llenar demasiados formularios y esperar mucho tiempo, un tiempo que para las posibilidades de esos niños, implica tristeza, soledad y un lento pero inexorable desconexión con el mundo que apenas empiezan a descubrir.
¿Cuál sería esa solución? Dependerá de las evaluaciones profesionales según cada caso en particular. Los audífonos pueden ayudar en esa reconexión al mundo sin embargo, cuando existe una sordera profunda, la recomendación se inclinará por el implante coclear, un dispositivo médico protésico muy complejo que estimula eléctricamente el nervio auditivo en la cóclea con el objetivo de que una persona con sordera severa o profunda, perciba el sonido. En el mundo, ya hay 120.000 personas que hicieron realidad el sueño de la audición a través de esta innovación científica.
Lo importante para destacar es que, sea cual fuere la solución, todos los niños tienen derecho a recibir, en forma temprana, el mejor y más apropiado tratamiento cuando se detecta la sordera. Está en los padres exigir que esos derechos se cumplan
Dr. Leopoldo Cordero
MN 43.160
Consultor del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan
Tecnosalud S.A. distribuidor exclusivo de Cochlear Co para la Argentina
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